domingo, 30 de enero de 2011

Aguante la Modernidad

Todos tenemos un lado oscuro, cosas que pocos conocen y algunas que nadie.
Los humanos solemos ponernos capas como las cebollas,.Capas duras, fuertes que ocultan nuestas cosas más profundas y, se podría decir, débiles.
Cuesta distinguir los verdaderos rostros detrás de las caretas. Parece cada vez más difícil y más aún en una sociedad que todo el tiempo nos propone este juego. Un sistema casi tan perverso sostenido desde todos lados y por todos los medios.
Uno de pronto se ve comiendo en unos sillones un hermoso mix de verdes con aceto italiano. ¿Hay algo más incómodo que comer en un sillón? ¿Un  mix de verdes? ¿De  qué carajo me hablan? Yo quiero una mesa, un buen asado y una ensalada criolla, loco. ¿Por qué dejamos que nos vendan  estas boludeces  como la necesidad mas grande?

El otro día me invitaron a un teatro. La verdad, fui mal predispuesto, lo reconozco, pero mi prejuicio era válido: era una obra basada en un cuento de Arlt (que me encanta). La destrozaron. Fueron dos horas con cuarenta monos volando por el aire, golpeando tachos. ¿Qué carajo tiene que ver el pobre Arlt con esto?
No lo sé y no lo entiendo. La verdad que no lo entiendo.
La modernidad estaba bien, creo.
Ahora una tipa llena una pileta con pelotitas de telgopor, le tira un litro de pintura colorada( no roja, colorada). En vivo, todo en vivo. Y un montón de pelotudos la aplauden como si entendieran todo. Es más, algunas flaquitas zen de palermo se emocionan hasta las lágrimas y te dicen, viste: " la artista pudo mostrar en profundidad el dolor de madre". ¿Qué?  ¡Pelotuda!

Prendo la tele y un flaco vestido de blanco le habla de espiritualidad a una modelo anoréxica que pesa 200 gramos y a otra que se opero la tetas, los labios, todo menos el cerebro. El tipo le plantes cosas, una cantidad de idioteces importantes. Éstas lo miran con la mirada en el vacío, entienden menos que yo la obra de antes. Cada tanto miran la cámara y se manosean. Lo más cerca que estuvieron de un oriental o de su filosofía, fue cuando la mucama faltó y fueron a comprar al supermercado chino de su cuadra.

Sólo propongo que seamos más reales. Sé que es imposible, pero bueno, por lo menos lo planteo. Digamos
ser un poco más nosotros, hacer lo que nos gusta y no lo que nos imponen las tendencias. La felicidad está cuando hacemos lo que más nos gusta, sin preocuparnos del qué dirán ni de los prejuicios de una sociedad que se dedica a juzgar mas que a buscar su felicidad.

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